top of page

EM House

Urroz, Navarre, on going

The house is located between valleys dressed by farmland, cereal fields and large farmhouses built with stone and wood. In this anachronistic place, the passage of time and progress dilute old customs, popular construction techniques, old carpentry solutions and even thick stone walls.

In the plot, the spirit of the walled enclosure barely survives. A sort of old masonry wall winds around the whimsical perimeter of the site to end up emerging in the old barn, now in disuse. A building that will be partially demolished but that will serve, in its material, dimensional and positional form, as the base of the future house. The awareness of culture and stratified tradition animates this support that, far from burying old past stories, keeps its memory alive in the new construction.

Treated with respect and maintaining its continuity, the importance of the wall is consolidated, thickening it to protect the jealous intimacy of the bedrooms. Its position, with direct access to the garden and set back from the street, also defends them from unwelcome glances.

The public program of the house is contained in a new volume, of light construction, which rests subtly on the stepped masonry. The wood and tile that envelop it, as well as its characteristic profile, establish an unmistakable link with the traditional roofs of the surroundings. The asymmetry of the silhouette, which allows the program to be accommodated naturally, contrasts with the usual forms and introduces a meas-ure of tension that, in addition to revealing the time of the new construction, enriches the dialogue with the old ones.

Architects:
Íñigo Beguiristáin, Jokin Lecumberri

Collaborators:
Saioa Lafón, Miren Celayeta

Casa EM

Urroz, Navarra, en ejecución

La casa se ubica entre valles vestidos por tierras de labor, campos de cereal y grandes caseríos construidos con piedra y madera, En este paraje anacrónico, el paso del tiempo y el progreso diluyen viejas costumbres, técnicas populares de construcción, viejas soluciones de carpintería e, incluso, gruesos muros de piedra.

En la parcela pervive a duras penas el espíritu de recinto amurallado. Una suerte de vieja tapia de mampostería serpentea el caprichoso perímetro del solar para terminar emergiendo en el antiguo pajar, ya en desuso. Un edificio que será demolido parcialmente pero que servirá, en su forma material, dimensional y posicional, como base de la futura casa. La conciencia de cultura y tradición estratificada anima este apoyo que, lejos de sepultar viejos relatos pasados, mantiene viva su memoria en la nueva construcción.

Tratado con respeto y manteniendo su continuidad, se consolida la importancia del muro, engrosándolo para proteger la celosa intimidad de los dormitorios. Su posición, con acceso directo al jardín y a contraterreno con respecto a la calle, también los defiende de miradas inoportunas.

El programa público de la vivienda queda contenido en un volumen nuevo, de construcción ligera, que se apoya sutilmente sobre el mampuesto escalonado. La madera y la teja que lo envuelven, así como su caracteríastico perfil, establecen un vínculo inequívoco con las cubiertas tradicionales del entorno. La asimetría de la silueta, que permite acomodar el programa con naturalidad, contrasta con las formas habituales e introduce una medida tensión que, además de revelar el tiempo de la construcción nueva, enriquece el diálogo con las antiguas.

Arquitectos:
Íñigo Beguiristáin, Jokin Lecumberri

Colaboradoras:
Saioa Lafón, Miren Celayeta

bottom of page